miércoles, 16 de febrero de 2011

La fe y las obras del cristiano

Santiago 2:14-26

En el capítulo 1, Santiago habla de la actitud que deben asumir los cristianos ante las situaciones difíciles y los exhorta a que oigan y practiquen lo que la Palabra de Dios enseña (v. 22). En el capítulo 2 hace hincapié en aspectos más específicos para que los cristianos pongan en práctica la Palabra de Dios. En este sentido, habla tanto del trato imparcial en las relaciones con el prójimo en la vivencia de la fe (vv. 1-13), como de la fe demostrada en acciones de servicio al prójimo (vv. 14-26).[1] En este texto, Santiago enseña que una persona tiene autoridad para decir que cree algo sólo cuando está dispuesta a vivir lo que predica. En otras palabras, la fe verdadera está ligada a las obras que la demuestran. El contexto general de la Escritura enseña que las obras no salvan a nadie, pero los que han sido salvados hacen buenas obras como resultado de su nueva vida (comp. Efesios 2:8-10; Tito 3:8). La fe verdadera se muestra en las obras. Así que, el cristiano lleva sobre sus hombros una carga de compromiso y sacrificio en relación con el prójimo, que no puede eludir en su peregrinaje cristiano.

El argumento de Santiago en estos versículos es que la fe genuina se demuestra no sólo con palabras, sino con obras de servicio al prójimo necesitado. Si la fe no tiene obras es inútil, está muerta. La fe y la acción van de la mano en la vida cristiana. No son los argumentos los que demuestran la fe de una persona, sino su conducta, su estilo de vida. Bien puede decirse, entonces, que creer es actuar conforme a los principios de esa fe que se profesa. En otras palabras, la afirmación y la acción del cristiano deben ser coherentes en su peregrinación.


¿Cuál es el contexto?

En los primeros versículos de este capítulo, Santiago advirtió a los creyentes acerca del amenazante peligro de la acepción de personas dentro de la iglesia. En este sentido, exhortó a los cristianos para que vivieran la fe en obediencia a la Palabra de Dios sin hacer acepción de personas (2:1-13). En los vv. 14-26 hace un llamado a demostrar la fe mediante las obras, en acciones de servicio al prójimo. Bien puede decirse que todo el texto de los vv. 14-26 es un argumento final de la exhortación dada en 1:22, donde dice: No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.

¿Cómo está estructurado el texto?

La NVI divide el texto en cuatro párrafos (vv. 14-17, 18-19, 20-24 y 25-26). La RVA y la DHH tienen el texto en tres párrafos, con una pequeña diferencia en el último.[2] De acuerdo con el contenido del texto, parece mejor unir los últimos dos párrafos de la NVI y quedarse con tres divisiones, ya que los vv. 20-26 son dos ilustraciones tomadas de las Escrituras para apoyar el argumento del texto.[3] Puede decirse que los vv. 14-17 presentan el argumento del texto, el cual se ilustra con un ejemplo del sentido común; los vv. 18 y 19 presentan lo que bien pudiera denominarse como la base para “un debate” sobre el argumento; y los vv. 20-26 presentan dos ejemplos de las Escrituras para apoyar el argumento que la fe sin obras está muerta.

¿Cuáles asuntos se presentan en el texto?

Sobre la base de la estructura del texto, puede decirse que se presenta tres asuntos que Santiago quería comunicar, referentes a la vivencia del evangelio. Tienen que ver básicamente con las obras como demostración de la fe que profesaban.

1.  Santiago dice que a los creyentes no les servía de nada afirmar que tenían fe si ésta no se evidenciaba en lo que hacían. Mediante un ejemplo del sentido común, ilustra su argumento: Si conocían la necesidad de una persona y no hacían nada para satisfacerla, su conocimiento no servía para nada. En otras palabras, era necesario que su fe se mostrara a través de lo que hacían. De lo contrario su fe era inútil.

2.  A través de lo que parece un “debate imaginario”, Santiago dice que una persona podía tener una creencia correcta y sin embargo no ser un verdadero cristiano, si no vivía conforme a lo que decía creer. Para ridiculizar a los que se conformaban con “tener una creencia correcta” (tener fe), Santiago les dice que hasta los demonios creen en Dios, pero no obedecen lo que él dice. Así que, Santiago quería enseñar a sus lectores que la fe en Jesucristo se mostraba mediante la obediencia a la Palabra de Dios.

3. Para ilustrar el concepto que la fe sin obras estaba muerta, Santiago presentó dos ejemplos (Abraham y Rajab) que hablan tanto de riesgo como de sacrificio personal en la práctica de la fe. En el caso de Abraham, su fe implicó sacrificio al obrar mediante la decisión de entregar (sacrificar) a su hijo Isaac, y en esto –dice Santiago- su fe llegó a la perfección. En el caso de Rajab, su fe se demostró mediante el riesgo (obras) que asumió al dar protección a dos enemigos de su pueblo. Santiago quería enseñar a sus lectores que la fe en Jesucristo implicaba sacrificio personal a través de las obras.

¿Como se desarrollan estos conceptos en el texto?

En los vv. 14-17, Santiago presenta el argumento de todo el texto: la fe genuina se demuestra no con palabras, sino con obras[4] de servicio al prójimo. Si la fe no tiene obras es inútil, está muerta. Entonces, la fe y la acción van de la mano en la doctrina cristiana. No son los argumentos los que demuestran la fe, sino la conducta, el estilo de vida de las personas. Creer es actuar conforme a los principios de esa fe que se profesa. Dicho de otro modo, la afirmación y la acción deben ser coherentes.

Según el v. 14, la profesión sin acción carece de valor. Santiago no enseña que la salvación es por obras, sino que la fe auténtica se evidencia en obras. Así como en 1:21, 22 muestra que la Palabra de Dios tiene un poder salvador, pero para que tenga efecto en la vida cotidiana debe ser obedecida por el que dice haberla recibido; de la misma manera, la fe sin las obras carece de sentido. Así como no ser hacedor de la Palabra es engañarse a sí mismo; del mismo modo, no hacer el bien al necesitado es negar la fe que se afirma con palabras. El concepto que se presenta en este texto no es que la salvación depende de las obras, sino que el creyente debe mostrar, a través de sus actitudes y acciones, que en realidad ha ocurrido un cambio en él. Que su fe afecta su acción en todos los ámbitos de su vida y que las otras personas pueden verlo en su conducta.[5]

El v.14 no dice en qué consisten las obras, pero el párrafo completo (vv. 14-17) indica que se refieren a las acciones de compasión y servicio a los que en verdad tenían necesidad (comp. 1:26, 27). ¿Qué sentido tiene realizar una “buena obra” a favor de quienes no tienen ninguna necesidad? Por otra parte, ¿qué sentido tiene que alguien sienta compasión por los necesitados y aún haga oración por ellos, si no está dispuesto a despojarse de sus bienes para atenderlos en sus necesidades?

Los vv. 15-17 incluyen una ilustración para apoyar el argumento, que toca profundamente los sentimientos de quienes son verdaderamente cristianos.[6] Santiago presenta un supuesto que bien pudo ser una realidad en aquella comunidad de creyentes. No se trataba simplemente de decir y no hacer, sino de decir y hacer.[7] Era asunto tanto de ver la necesidad como de actuar conforme a ella, para satisfacerla; la buena voluntad y la supuesta amigabilidad no eran suficientes.

El supuesto presentado por Santiago (vv. 15, 16) halla su respuesta conclusiva en el v. 17: Así también la fe por si sola, si no tiene obras, está muerta. La fe auténtica no es un simple asentimiento intelectual con respecto a ciertas verdades, sino una convicción interior que motiva a la acción. De este modo, la fe y las obras son inseparables; no pueden divorciarse y seguir con vida en forma individual. Por eso, Santiago dice que la fe por si sola, si no tiene obras, está muerta. La fe genuina es compromiso. ¡No actuar a favor del prójimo es negar la fe!

Según los vv. 18 y 19, Santiago recurre al sentido lógico para responder a una supuesta objeción y en los vv. 20-26 apela a la autoridad de las Escrituras (Antiguo Testamento) de las cuales toma dos ejemplos para apoyar su argumento. Bien puede decirse que la fe verdadera es convicción en acción.

Al leer los vv. 18 y 19, a primera vista pareciera que Santiago estaba presentando un argumento científico para decir que lo único verdadero es lo demostrable. Pero no es así. En realidad, lo que hace es llamar la atención a un sentido lógico que lleva la fe al terreno práctico y no la deja sólo en la convicción intelectual, ni en una sencilla reacción emocional. Para reforzar su argumento, declara que también los demonios creen y tiemblan, pero no hacen nada más. En otras palabras, tienen fe en el sentido que creen en la existencia de un único Dios personal, pero no actúan conforme a ese conocimiento. La fe en Dios debe ser mostrada a través de las obras del creyente.

Santiago presenta un diálogo imaginario (v. 18) mediante el cual sugiere que es absurdo pretender demostrar algo sin algún tipo de acción. Es como si se presentara un debate entre dos contrincantes, uno defiende su fe y otro defiende sus obras: Tú tienes fe, y yo tengo obras. El reto se expresa con estas palabras: Muéstrame tu fe sin tus obras, lo que parece un imposible, y yo te mostraré mi fe por mis obras, lo que sí es posible y salta a la vista.

El contenido del v. 19 es una severa advertencia a aquellos que se conforman con un cristianismo vacío, una religión interior, un solo lado de la fe, un simple asentimiento intelectual. Tú crees que Dios es uno. Bien haces. Está bien, estás en camino; pero de nada te sirve si no avanzas, si no llegas hasta el final. Si lo que haces es ver las necesidades del prójimo y le dices “que Dios te ayude”, ¿de qué le sirve a él?

La fe que es sólo convicción intelectual acepta verdades tan absolutas como que Dios es uno.  Pero esto no es suficiente, también los demonios tienen esta convicción, y la toman tan en serio que hasta tiemblan ante ese Dios único y Todopoderoso. En la demostración de nuestra fe, no hemos hecho gran cosa con sólo creer que Cristo cambia la vida. Somos personas inútiles (vanas) si sólo nos conformamos con tener este tipo de fe que se queda en el intelecto y no baja al corazón y expresa su compasión en acción.

Los vv. 20-26 apoyan el argumento mediante el uso de dos ilustraciones tomadas de las Escrituras, para afirmar que la fe que no se evidencia en hechos está muerta. El diálogo imaginario de los versículos anteriores tiene su valor, pero Santiago va más allá en su argumento. Ahora busca el respaldo de las Escrituras y se fundamenta en dos ejemplos del Antiguo Testamento: uno, el de Abraham,[8] que obró conforme a su convicción ante Dios (vv. 20-24); el otro, el ejemplo de Rajab, que obró con misericordia hacia quienes necesitaban ayuda y arriesgó su vida segura de que estaba actuando conforme al deseo de Dios (vv. 25-26).[9]

Con el primer ejemplo (vv. 20-24), Santiago arguye que a una persona se le declara justa por las obras, y no sólo por la fe (v. 24) ¿Qué quería comunicar esto? ¿Está Santiago afirmando la salvación por obras? No, absolutamente no. La cita de Santiago referente a Abraham, cuando ofreció a su hijo Isaac en el altar, nada tiene que ver con su salvación, pues este es un evento que ocurrió en un momento de su vida muchos años después que él había depositado su fe en Dios (comp. Génesis 12:1-8; 15:6; 22:1-18).[10] La fe y sólo la fe en Jesucristo puede justificar al ser humano delante de Dios.[11] Pero la práctica de la fe lleva consigo la acción consecuente que la demuestra. Bien podemos decir que creer es también actuar conforme a la fe que afirmamos con palabras. Es bien claro que Abraham actuó conforme a la fe que tenía.

En cuanto al ejemplo de Rajab (vv. 25, 26), Santiago no dice nada con respecto a su fe y se limita a hablar de sus obras cuando hospedó a los espías y les ayudó a huir por otro camino (v. 25). Pero su acto indica que creía en el poder del Dios de los hebreos y actuó conforme a esa fe.[12]

Si Abraham, en su obra de fe, se enfrentaba a la posibilidad de perder a su hijo Isaac, Rajab por su parte corría el riesgo de perder su propia vida al ocultar a los dos espías. En ambos casos las obras descansan en un gran paso de fe. Las obras del creyente prueban que su fe es y está viva. Santiago reafirma su argumento (v. 26) con una comparación que salta a la vista y no necesita comentario alguno: como es el cuerpo sin espíritu, así es la fe sin obras. La fe y la acción son realidades inseparables que se complementan y fortalecen entre sí.


¿Cuáles son los principios que se derivan de Santiago 2:14-26?

1.  La fe en Jesucristo se muestra a través de hechos coherentes con lo que afirmamos. En efecto, Santiago dice a sus lectores que no les servía de nada tener fe si ésta no se evidenciaba en lo que hacían. Santiago recurrió al sentido común para ilustrar su argumento. Si conocemos la necesidad de alguien pero no hacemos nada para satisfacerlo, ¿de qué le sirve a ese hermano nuestro conocimiento?

2.  La fe en Jesucristo se muestra mediante la obediencia a la Palabra de Dios. Santiago les dijo a sus lectores que hasta los demonios creen en Dios (y hasta sienten miedo), pero no obedecen lo que él dice. En verdad, una persona puede tener una creencia correcta y sin embargo no ser un verdadero cristiano, porque no vive conforme a lo que dice creer. Hay personas llamadas cristianas que tienen una rectitud doctrinal envidiable, pero una conducta despreciable. El evangelio exige que seamos coherentes entre nuestros dichos y nuestros hechos.

3.  La fe en Jesucristo implica riesgo y sacrificio personal en nuestras acciones. Los dos ejemplos que Santiago presentó a sus lectores (Abraham y Rajab) para ilustrar el concepto que la fe sin obras está muerta, hablan tanto de riesgo como de sacrificio personal. Nuestra fe genuina se manifiesta en lo que hacemos en servicio a los necesitados y el verdadero servicio siempre implica sacrificio personal.

¿Cómo se pueden aplicar los principios de Santiago 2:14-26?

1. La fe en Jesucristo se muestra a través de hechos coherentes con lo que afirmamos. El punto de Santiago es que la fe que no se muestra a través de las obras está muerta. El ejemplo que Santiago presentó es brillante y penetrante: Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de ustedes les dice: “Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse”, pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Si conocemos la necesidad de alguien y hasta hacemos oración por él, pero no hacemos nada para satisfacerle su necesidad, ¿de qué le sirve a ese hermano? Usted no necesita ir muy lejos. A su alrededor, en a iglesia y fuera de ella hay gente con necesidades. Algunas de esas necesidades son materiales, otras son psicológicas, morales, o sociales y, sin duda, algunas son espirituales. Hay un campo amplio para que usted demuestre su fe evangélica. Tal vez no tiene recursos materiales para ayudar, pero tiene capacidad para escuchar y ayudar a aquellos que se sienten solos y confundidos. ¡Cuánto le ha dado Dios a usted que puede compartir con el prójimo! Reflexione sobre esto y decida cuáles son los pasos que dará de ahora en adelante. Escríbalos en forma sencilla.

2. La fe en Jesucristo se muestra mediante la obediencia a la Palabra de Dios. Es cierto que se puede tener una doctrina correcta, fiel a las Escrituras, y a la vez tener una conducta mala fiel al sistema del mundo. Con frecuencia, los cristianos también somos desobedientes al evangelio. Por ejemplo, todos los cristianos auténticos creemos firmemente que Jesucristo volverá de nuevo a este mundo para salvar a los que le esperan; pero muchos de esos cristianos viven como si no lo creyeran. No obran conforme a lo que creen. Todos los cristianos auténticos creemos firmemente que debemos amar al prójimo, pero en la realidad cotidiana parece que no encontramos a “ese prójimo” aunque esté muy cerca de nosotros. No obramos conforme a lo que creemos. Los cristianos afirmamos que se debe confiar en el Señor, pero en la realidad de la vida, en los momentos difíciles, tal afirmación parece que se desvanece. Todos los auténticos cristianos creemos que el nuevo nacimiento es un paso fundamental para la salvación, pero con frecuencia muchos quieren vivir como de acuerdo con la vieja naturaleza. Reflexione sobre su vida: ¿De verdad hay coherencia entre lo que usted cree y lo que hace? Escriba algunos ejemplos que demuestren coherencia entre su creencia y su vivencia, entre sus dichos y sus hechos.

3. La fe en Jesucristo implica riesgo y sacrificio personal en nuestras acciones. Si Jesucristo, el Señor de los cristianos, tuvo que sacrificarse hasta entregar aun su vida, qué les espera a sus seguidores. Las obras de nuestra fe son una muestra de amor, pero el amor implica cierto desprendimiento a favor del ser amado. Nuestras obras que de verdad demuestran nuestro cristianismo implican sacrificio personal. Por eso se trata de obras, no sobras. Estas últimas no implican ningún sacrificio. Cualquier persona es capaz de dar lo que le sobre, tal vez porque le estorba. Pero desprenderse de lo que aparentemente aún necesitamos es otra cosa, da cierto dolor. El ejemplo de Abraham que presenta Santiago es elocuente. Por la fe estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo, lo más apreciado. Algo similar ocurre con el ejemplo de Rajab. Reflexione sobre usted: ¿Cuándo hace alguna obra, cuánto sacrificio implica? ¿Es realmente esa obra algo que demuestra su fe? Escriba unos comentarios al respecto. Ya que ha reflexionado sobre las obras en la vida cristiana, ¿qué se propone hacer de ahora en adelante? Escriba unos pasos sencillos que pueda llevar a cabo referente a las obras que evidencian su fe en Jesucristo.


[1]El texto de Santiago 2:14-26 ha sido objeto de muchas polémicas, debido a la aparente discrepancia entre el pensamiento de Pablo y el de Santiago con respecto a la fe y las obras (comp. Romanos 4:1-3; Santiago 2:21-24). En realidad, no hay discrepancias, sino que cada uno de estos autores tenía propósitos diferentes y hace hincapié en uno de estos dos aspectos para afianzar su argumento.
[2]La RVA tiene estas divisiones: vv. 14-17, 18-24 y 25-26. La DHH lo divide así: vv. 14-17, 18-23 y 24-26.
[3]Otra posible estructura del texto es presentarlo con solo dos divisiones: vv. 14-17 y 18-26.
[4]El supuesto del v. 14, expresado en la pregunta: ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras?, parece estar muy ligado a la exhortación de 3:1 que dice: Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad.
[5]Es la aplicación cotidiana de aquella sencilla sentencia de Cristo: Por sus frutos los conocerán (Mateo 20).
[6]El que sigue los pasos del maestro se presentará y actuará como siervo (servidor de los demás) (comp. Marcos 10:45). En muchas partes, la Escritura exhorta a hacer el bien, a servir al prójimo y tanto más a aquellos que conforman un mismo cuerpo en la iglesia.
[7]Unos años más tarde el apóstol Juan presenta el mismo concepto (1 Juan 18).
[8]Según este ejemplo, la obra no es en relación con el prójimo. Más bien, nos muestra que Abraham actuó en concordancia con su fe. Creyó que si Dios le pedía que hiciera algo, él debía obedecer y hacerlo.
[9]Aparentemente, no hay ninguna diferencia de fondo en estos dos ejemplos. El v. 25 une los dos con las palabras: De igual manera. Sin embargo, es posible que Santiago quiera usar estos dos ejemplos para incluir tanto a judíos como a gentiles en los mismos principios de práctica cristiana.[9] Así, no importa si una persona es judía (como el caso de Abraham) o si no es judía (como el caso de Rajab), de todos modos su fe debe manifestarse en obras.
[10]La cita de Santiago es un hecho que ocurrió mucho antes de que Dios ordenara a Abraham el sacrificio de su hijo. Ese hecho de “creer” ocurre cuando Dios prometió el hijo a Abraham, no cuando tomó la decisión de sacrificarlo, según Dios se lo había pedido. Aparentemente hay una contradicción en el pensamiento de Pablo y el de Santiago. Pero no es así, Pablo habla de la fe como acto inicial y único para la salvación, Santiago habla de la fe y las obras como acto continuo en el desarrollo de la vida cristiana.
[11]Comp. Romanos 4:18-22.
[12]El escritor de la carta a los Hebreos menciona la acción de Rajab como una prueba de su fe (Hebreos 11:31).

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