miércoles, 12 de enero de 2011

Reflexiones sobre Juan 3.16

El evangelio afirma que Dios amó tanto a los seres humanos que entregó a su Hijo para darles vida a todos los que crean en él. Sí, Dios tomó la iniciativa y entregó a Jesucristo para que muriera en sacrificio por nuestros pecados. No hay otra opción, él es el único camino para llegar a Dios. Absolutamente, el único camino. ¡Él es el punto de encuentro! En Jesucristo se reúnen ricos y pobres, blancos y negros, esclavos y libres, sabios e ignorantes, cultos e incultos, hombres y mujeres, ancianos y niños. Él es el mediador para el encuentro entre Dios y los seres humanos.

El mensaje central del evangelio se resume con mucha claridad en un breve discurso de Jesús registrado en Juan 3:16-21. A través de este texto, hay básicamente dos conceptos que Juan quería comunicar a sus lectores: 1) La iniciativa de Dios para acercarse a los seres humanos a través de su Hijo Jesucristo y 2) la respuesta humana a esa incomparable acción de Dios. Aquí está el texto:
16Por que tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que to-do el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. 18El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. 19Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. 20Pues todo el que hace lo malo abo-rrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descu-bierto. 21En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios. (NVI)

¿Cómo se desarrollan en este texto los dos estos conceptos antes señalados? En los versículos 16 y 17 se plantea la enseñanza básica del texto: Dios entregó a su Hijo unigénito para darnos la salvación. Este es el punto central alrededor del cual gira todo lo demás. Es claro que fue Dios quien tomó la iniciativa: él dio a su Hijo unigénito. El texto presenta tanto la razón como el propósito de esta acción de Dios. La razón es única e insuperable: tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito. No es que Dios tuviera alguna deuda con el ser humano. Absolutamente, NO. Lo que movió a Dios fue su inmenso amor por los seres humanos que estaban bajo condenación y muerte por causa de sus pecados. El propósito de esta acción es claro: para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Se colocan delante sólo dos posibilidades para los seres humanos: la muerte o la vida. La muerte es sinónimo de condenación, mientras que la vida lo es de salvación. Por supuesto, lo que Dios quiere para los seres humanos es la vida. Así que, en el versículo 17 se reafirma el propósito de Dios. El propósito de Dios al enviar a Jesucristo no es condenar, sino salvar al mundo. En verdad, el mundo ya estaba bajo condenación; pero Cristo vino para darle la posibilidad de liberación, para abrirle el camino a la vida, a la buena relación con Dios (comp. 14:6). No hay otra manera de encontrarse con Dios, sino por medio de Jesucristo. El mensaje del texto, entonces, es que Jesucristo fue enviado a este mundo como sacrificio para el perdón de nuestros pecados, para que seamos salvos por medio de él, para que tengamos buena relación con él, para que tengamos vida.
El versículo 18 habla básicamente del resultado de creer o no creer en lo que Dios ha hecho al entregar a su Hijo unigénito con el propósito de dar la vida. Lo primero que hace Juan (v. 18) es mostrar un contraste entre dos tipos de personas: los que creen y los que no creen en el Hijo. El texto indica que el sólo acto de creer en el Hijo de Dios libera a la persona de la condenación. Pero ¿qué quiere decir creer en el Hijo? En aquel tiempo significaba aceptar que en Jesús se había cumplido el anuncio de los profetas, de modo que él era el Cristo. Por tanto, debían seguirlo. Significaba también que en Jesús Dios se había hecho presente: él era el Hijo de Dios y por tanto la Verdad y fuente de toda verdad. Entonces, se debía creer lo que él decía a fin de tener vida. ¡El entregó su vida en sacrificio por nuestros pecados! Creer en Jesús significa aceptar que él pagó por nuestros pecados y ahora podemos tener una correcta relación con Dios, porque por medio de la fe en él pasamos de muerte a vida. El versículo 18 también habla de los que no creen. Y por cuanto no creen, permanecen bajo condenación. Juan escribe con el propósito de que estos crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, de modo que sean salvos y tengan la vida eterna. ¿En cuál grupo queremos estar? ¿En cuál grupo está usted?

Los versículos 19-21 dan otra imagen respecto a Cristo. Ahora no se presenta como el Hijo unigénito de Dios, sino como aquella luz que vino al mundo. El texto amplía el argumento mediante una descripción de las actitudes que asumen los dos tipos de personas en las cuales se divide la humanidad. Habla de los que andan en tinieblas y prefieren las tinieblas; y habla también de los que se acercan a la luz y practican la verdad. Habla de los desobedientes y los obedientes, los que hacen lo malo y los que hacen lo bueno, los que siguen el camino de la muerte y los que siguen el camino de la vida, los que andan sin Dios y los que andan con Dios.

¡No hay escape! Frente a Cristo todo queda al descubierto porque él es la luz. Los que creen en lo que Dios ha hecho no tienen ningún temor de acercarse a Jesucristo. Pero los que no creen tienen temor de acercarse a Cristo por cuanto temen ser descu-biertos. Ellos saben que sus obras son malas. Jesús dice que de todos modos sus obras serán descubiertas, pero sus pecados pueden ser perdonados si los confiesan y lo siguen a él.

Hay, entonces, dos grandes verdades que enseña el texto de Juan 3:16-21. Primero, que a través de Jesucristo, Dios ha mostrado cuanto nos ama. El amor verdadero no consiste palabras bonitas, sino de hechos aunque estos sean difíciles de realizar. Dios no solamente ha dicho que nos ama profundamente, sino que lo ha demostrado. Él hizo la más grande demostración de su amor al entregar a su Hijo unigénito en sacrificio por nuestros pecados. Dios decidió amarnos y nos amó a todo costo. ¡No hay amor más grande!

La segunda verdad del texto de Juan 3:16-21 es que el destino nuestro depende de la decisión que tomemos respecto al Hijo de Dios que fue entregado en sacrificio por nuestros pecados. Dios ha tomado la iniciativa para encontrarse con nosotros; pero cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de tomar la decisión de aceptar o rechazar la oferta de Dios. Hay quienes deliberadamente deciden rechazar a Jesucristo y hay quienes humildemente deciden seguirlo. Quienes lo rechazan siguen bajo condenación y muerte; quienes lo aceptan (creen en él y lo siguen) tienen la vida eterna. La oferta se mantiene en pie, jamás ha cambiado ni cambiará: para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

¿Qué debemos hacer, entonces? Ya que en Jesucristo Dios ha mostrado que ver-daderamente nos ama, debemos corresponder sinceramente a su amor. Debemos aceptar por la fe que lo que Él ha hecho es suficiente para el perdón de todos nuestros pecados. No importa quienes seamos, ni qué hayamos hecho. El sacrificio de Jesucristo puede limpiarnos de toda maldad. Por la fe en Jesucristo nuestra vida puede ser transformada. ¿Ha tomado usted la decisión de confesar sus pecados a Dios a través de Jesucristo? Si no lo ha hecho, este es un buen momento para hacerlo. Pídale a Dios que entre a su vida, que le cambia su vida respecto a las cosas malas que hace. Pídale que lo haga una persona nueva. Por la fe en Jesucristo tenemos vida y vida en abundancia. ¡No necesitamos más intermediario que Jesucristo para acercarnos a Dios!

Por otra parte, si nuestro destino eterno depende de la actitud que asumamos ante el Hijo de Dios que fue entregado en sacrificio por el pecado, entonces es necesario revisar nuestra vida. ¿En cual de los dos grupos de personas se encuentra usted? ¿Está todavía entre los que son incrédulos a lo que Dios ha hecho a través de Jesucristo, o está entre los que han asumido el compromiso de la vida según el camino que Dios ha trazado mediante Jesucristo? Si está entre los que no han decidido creer en Jesucristo como su salvador, ahora es el tiempo para cambiar esta actitud. Si en Jesucristo está la vida, como lo enseña la Palabra de Dios, ¿por qué no tomar hoy mismo la decisión de seguirlo? Y si usted está entre los que ya han decidido seguir a Jesucristo, entonces evalúe su vida para ver cual es su nivel de compromiso con la nueva vida que él le ha dado. ¿Refleja su vida que verdaderamente ha sido transformado por la fe en Jesucristo?

¡Dios tomó la iniciativa y se acercó a nosotros para mostrarnos cuantos nos ama! Conocido esta verdad, todos tenemos la misión de proclamar el amor de Dios y nuestra salvación a través de Jesucristo, tanto con nuestra vida como con nuestras palabras. ¡Gracias, Padre eterno, por darnos a tu Hijo Jesucristo!


Ángel Custodio López
Correo-e: evangel1948@hotmail.com

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