martes, 18 de enero de 2011

Reflexiones en la primera Carta de Juan


Distintivos de un cristiano

Los lectores originales de 1 Juan sufrían ataques en el campo teológico, ético y moral, causados básicamente por los falsos maestros. Algunos de estos ataques habían surgido de maestros dentro de la misma iglesia (4:1; 2:18, 19) y otros la atacaban desde afuera. Jesús había hablado de estos problemas (Mateo 7:15ss) y el apóstol Pablo también había advertido a la iglesia que tuvieran cuidado, porque entrarán en medio de ustedes lobos feroces que procurarán acabar con el rebaño y dentro de la misma iglesia –afirmó el apóstol– se levantarán algunos que enseñarán falsedades para arrastrar a los discípulos que los sigan (Hechos 20:29, 30 NVI). ¡La falsedad es una amenaza constante!

1. El primer gran problema que enfrentaba la iglesia tenía que ver con los falsos maestros y la falsa doctrina que estos enseñaban. Juan afirma que han salido por el mundo muchos falsos profetas (4:1) y que muchos son los anticristos que han surgido ya (2:18), a quienes no vacila en identificar como el espíritu del engaño en contraposición al Espíritu de la verdad (4: 6). La iglesia era atacada en el fundamento básico de su fe: la deidad de Jesucristo. Los falsos maestros pretendían minimizar la persona y la obra de Cristo en la cruz (4:10). Negaban que Jesús era el Cristo (2:22, 23) y no confesaban que era el Hijo de Dios, venido en cuerpo humano (4:2, 3, 15). Juan les sale al paso y dice: Todo el que niega al Hijo no tiene al Padre (2:23). Y añade: Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo (3:23). Permanezca en ustedes lo que han oído desde el principio, y así ustedes permanecerán también en el Hijo y en el Padre. Ésta es la promesa que él nos dio: la vida eterna. Estas cosas les escribo acerca de los que procuran engañarlos… (2:26, 27). Al final dice: Este es el verdadero Dios y la vida eterna (5:20c).

Ante el problema de los falsos maestros, la exhortación del apóstol es a la fidelidad al Señor. Por eso comienza su carta hablando de su testimonio personal respecto a lo que había visto, oído y palpado tocante a Jesucristo (comp. 1 Juan 1:1-4) y la termina afirmando que Jesucristo es el Dios verdadero y la vida eterna (1 Juan 5:20). ¡Apártense de los ídolos!

2. Otro gran problema que enfrentaba la iglesia se refería a los falsos profesantes y la conducta que asumían. Es claro que algunos no vivían como auténticos cristianos. Esto se evidenciaba en dos grandes vertientes que afectaban radicalmente la conducta cristiana. Una tenía que ver con la liviandad moral manifestada en la subestimación de la realidad y la seriedad del pecado en la vida humana y la eficacia del sacrificio de Cristo. El otro problema tenía que ver con la liviandad relacional (social) y se manifestaba en la falta de amor entre los hermanos. Ahora el apóstol hace hincapié no sólo en la fidelidad, sino en la sensibilidad cristiana de las personas tanto consigo mismas como con sus semejantes.

Por una parte, había los que tenían un concepto equivocado del pecado. Mientras algunos pensaban que ya eran perfectos, que el pecado nada tenía que ver con ellos (comp. 1:8), otros pensaban que podían estar en buena relación con Dios y a la vez vivir desordenadamente, manteniendo una conducta de pecado (comp. 3:7-10). Esto reflejaba una filosofía reinante en aquellos días: el hedonismo. Juan advierte con claridad que no es posible ser luz y a la vez vivir en tinieblas, practicar el pecado y al mismo tiempo tener buena relación con Dios (1:5-10). Por eso, el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió (2:6 comp. 4:17).

Por otra parte, había los que tenían un concepto equivocado del amor a Dios y al prójimo. Algunos pensaban que podían hablar de su amor a Dios sin preocuparse del amor al prójimo. Juan afirma que la falta de amor entre los hermanos, evidenciaba la falta de amor a Dios. Por eso, escribe insistentemente acerca del amor los unos a los otros. Tres veces, en su carta, dedica unos párrafos con un mensaje muy claro respecto al amor a los hermanos (2:9, 10; 3:11-18; 4:7-21). La iglesia necesitaba reflexionar respecto a la práctica de su fe, en especial el amor a los hermanos. Así que, el que ama a Dios, ame también a su hermano (4:21).

Entonces el desarrollo de la Carta, el apóstol Juan apunta a la solución de tres problemas fundamentales: Un concepto equivocado respecto a Cristo, dador de la vida; un concepto equivocado respecto al pecado, destructor de la vida; y un concepto equivocado respecto al amor, manifestador de la vida. Juan dice que escribió para que sepan que tienen vida eterna en el Hijo (5:13), para que no pequen (2:1) y para que tengan comunión con nosotros (1:3) de modo que nuestra alegría sea completa (1:4).

¿Qué significaba ser realmente cristiano? ¿Quiénes podían afirmar la certeza de su salvación? Juan evaluó la certeza de la salvación de los cristianos del primer siglo, a través de tres pruebas claras y convincentes:
1)  La prueba teológica: si creemos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios venido en cuerpo humano.
2) La prueba moral: si practicamos la justicia mediante la obediencia a los mandamientos de Dios. ¡Si obedecemos la Palabra de Dios!
3)  La prueba social: si nos amamos los unos a los otros.

Entonces, Juan evaluó la iglesia de sus días y respondió con fidelidad al evangelio y sensibilidad a la realidad de sus hermanos. ¿Qué haremos nosotros? Sobre la base de la experiencia de Juan reflejada en su carta, hay por lo menos tres conclusiones que podemos visualizar:

1.  Cada generación de cristianos debe responder con la verdad del evangelio a las falsas enseñanzas que amenazan a la iglesia.
Los cristianos somos conscientes que vivimos en medio de un mundo hostil a la verdad del evangelio. ¡La falsificación abunda...! Por eso, es necesario que conozcamos bien las verdades del evangelio y al mundo que nos rodea, a fin de responder con la verdad. Debemos comprender lo que ofrece Dios y lo que necesita el ser humano. Entonces, en nuestra respuesta evangélica debemos mantener fidelidad a la Palabra y sensibilidad a las realidades humanas.

2.  Jesucristo es la única respuesta al problema del pecado en la vida humana en cualquiera de sus manifestaciones.
¡Cristo murió en sacrificio por nuestros pecados! Tenemos la plena convicción que por el sacrificio de Jesucristo, Dios ha resuelto el problema del pecado y ha dado la vida eterna a todos los que lo confiesan como Salvador y Señor. ¡La vida se manifestó en Jesucristo! Los seres humanos necesitamos la vida abundante y ésta sólo se encuentra en Jesucristo. ¡Cuánto se ha desdibujado al Cristo de la revelación escrita! Es necesario proclamar y seguir al Cristo que presenta la Biblia, no al que la imaginación humana ha dibujado.

3.    Los cristianos debemos ser conocidos por lo que decimos y hacemos en relación con nuestros hermanos.
La persona auténticamente cristiana manifiesta coherencia entre sus dichos y sus hechos, entre lo que cree y lo que vive. El cristianismo no es una teoría, es un estilo de vida que sigue los pasos de Jesucristo. Debemos pensar nuestra fe para que sea comprendida, pero debemos vivirla para que sea imitada en medio de las realidades cotidianas.

De las tres pruebas que Juan presenta para distinguir al verdadero cristiano, dos tienen que ver con lo que hacemos respecto a nuestra fe. Una se refiere a la justicia, es decir, la obediencia a la Palabra de Dios y la otra se refiere al amor a los hermanos. Esta última sobresale. Tres veces en la carta, el apóstol presenta una argumentación formal sobre el tema del amor a los hermanos (2:9, 10; 3:11-18; 4:7-21).

¿Entonces, qué debemos hacer?

1. En sus primeros años, la iglesia fue amenazada por una falsa doctrina que negaba a Jesucristo venido en cuerpo humano. También el mundo, con su sistema de valores anti-Dios, arremetía contra la iglesia. Juan identificó estos dos problemas y ofreció una respuesta cristiana muy clara en las perspectivas teológica, moral y social. Con rostros diferentes, estos problemas se manifiestan en nuestro tiempo. Hay una proliferación de ideologías, enseñanzas y doctrinas falsas que amenazan a la iglesia de Jesucristo. Por otra parte, el mundo de hoy tiene un sistema de valores abiertamente opuesto a los principios del evangelio: el evangelio presenta verdades absolutas, mientras que la sociedad está sumida en la subjetividad y el relativismo. Muchas de estas amenazas contra la iglesia se presentan de manera encubierta, solapada, en nombre de un redescubrimiento de la verdad de la Biblia. ¡Tengamos cuidado! ¡No confundamos la palabra profética, con las palabras profanas! Mientras sigue su peregrinaje cristiano, no deja de reflexionar en estas preguntas: ¿Cuáles son realmente mis creencias cristianas, son verdaderamente bíblicas? ¿Cuáles son algunas características o maneras de pensar de la sociedad contemporánea? ¿Cuáles son algunos movimientos y doctrinas que hoy amenazan a la iglesia de Jesucristo? ¿En qué sentido puede decirse que estos movimientos están afectando a la iglesia de la cual usted es miembro? ¿Qué estoy haciendo para poner en alto mi fe?

Con mucha frecuencia se observa a “cristianos” que fácilmente se dejan mover de sus convicciones por doctrinas y movimientos “teológicos” que van apareciendo. Esto sugiere que hay una cierta inseguridad de lo que esos cristianos creen. Reflexione sobre sus convicciones de fe cristiana. ¿Cuáles son los principios básicos de su fe que lo distinguen como cristiano? Juan identificó, en su día, las señales de un auténtico cristiano.
a)    Si creía que Jesucristo era el Hijo de Dios venido en cuerpo humano.
b)    Si obedecía la Palabra de Dios.
c)    Si amaba a los hermanos.

2. La Biblia enseña que no es posible tener buena relación con Dios y al mismo tiempo andar en tinieblas; o afirmar ser cristiano y al mismo tiempo desobedecer la Palabra de Dios. Hay quienes afirman ser cristianos, pero no viven como cristianos. ¿Cuáles son algunas prácticas en su vida que se corresponden con las de una persona auténticamente cristiana? El cristiano tiene un estilo de vida diferente al mundo que sigue el sistema anti Dios. Juan exhorta: el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió (2:6).

Me parece que una buena manera de concluir esta reflexión es con la siguiente oración: “Soberano Dios, Señor del cielo y de la tierra, queremos mantenernos firmes en la convicción que tu Hijo Jesucristo es el único Salvador y Señor de nuestra vida. Queremos proclamar con convicción que en Jesucristo hay respuesta al problema del pecado en cualquiera de sus manifestaciones en la vida humana. Queremos confesar que en Jesucristo hay esperanza. Queremos mantener coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos en medio de un mundo incoherente. Decimos que amamos, ayúdanos a demostrarlo. Ayúdanos, Señor, a mantenernos fieles a tu Palabra en nuestro diario vivir. Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador y Señor. ¡A Él sea la Gloria siempre! Amén.”

2 comentarios:

  1. Dios lo bendiga Pastor por esta exposición, tan clara y específica, es excelente para una predicación en la Iglesia.Gracias por su aporte, se que nos va a servir a muchos hermanos.
    Cordialmente.
    Rigoberto Gómez.
    Colombia.

    ResponderEliminar
  2. ¡Gloria a Dios! ¡Que su palabra se extienda!

    ResponderEliminar